Miami, FL, 21 de abril de 2026.
En el marco de la reunión anual de Brightstar en Miami, se dio un espacio de conversación que reflejó con claridad el momento que atraviesa el fútbol a nivel global. En un entorno donde confluyen líderes empresariales de distintas industrias, el deporte —y en particular el fútbol— volvió a posicionarse como un punto de encuentro entre economía, cultura y proyección internacional.
Durante el encuentro con Marcelo Claure, la conversación giró en torno a temas fundamentales como el liderazgo, la gobernanza y la inversión responsable dentro del ecosistema futbolístico. Más allá del espectáculo, el fútbol se entiende hoy como una plataforma con impacto estructural, capaz de generar oportunidades y fortalecer comunidades en diferentes regiones del mundo.
Uno de los aspectos más destacados fue el reconocimiento al modelo financiero impulsado por FIFA, cuyos ingresos récord están siendo redirigidos hacia proyectos de desarrollo en sus 211 asociaciones miembro. Esta estrategia no solo refuerza la base del deporte a nivel global, sino que también ha fortalecido su credibilidad ante instituciones financieras y líderes empresariales, quienes ven en el fútbol un aliado con alcance y legitimidad únicos.
En este contexto, la próxima Copa Mundial de la FIFA 2026 —que se celebrará en Canadá, México y Estados Unidos— ocupó un lugar central en la conversación. El evento no solo promete ser uno de los más ambiciosos en la historia del torneo, sino también un catalizador de impacto económico y social en las comunidades anfitrionas.
Más allá de las cifras, el Mundial representa una oportunidad para revitalizar el fútbol base, impulsar la inversión local y conectar a nuevas audiencias con el deporte. En particular, el mercado estadounidense aparece como un escenario clave, donde el fútbol continúa ganando terreno y capturando el interés de una población diversa y en constante transformación.
El fútbol, en este sentido, trasciende su dimensión deportiva para consolidarse como una herramienta de cohesión global. En un mundo fragmentado, eventos como el Mundial no solo reúnen naciones, sino que también activan economías, fortalecen alianzas y reafirman el poder de lo colectivo.








